miércoles, 2 de mayo de 2018

Idealizar a la persona amada


Hay una frase de Walter Riso, la encontré cuando leía “Manual para no morir de amor” y dice: “no idealices al ser amado, míralo como es, crudamente sin anestesia.”

Una de las características fundamentales del enamoramiento es la idealización del ser amado, ya sea en mayor o menor medida, todos y todas hemos distorsionado la imagen de la persona que ocupa nuestro pensamiento la mayor parte del tiempo. Pero la idealización de la pareja puede llegar a ser problemática, ya que al descubrir que nuestro ser amado no es tan perfecto, tan fuerte, tan valiente… puede que nos decepcione, nos desilusionemos y como consecuencia, decidamos poner fin a la relación.

Según Walter Riso, existe una parte racional con la que vemos al ser amado tal y como es, pero a su vez, está la parte romántica con la que tendemos a inventar a esa persona. Este autor expone cuatro formas de distorsionar a la pareja, que se producen a la vez y entremezcladas:

1. Ceguera amorosa (obviar lo negativo de mi pareja): consiste en amar lo que nos hace sentirnos bien, lo que es mejor para nosotras o nosotros. Es un mecanismo para defendernos de una realidad que nos desborda y que no queremos aceptar (por ejemplo, saber que la pareja nos es infiel), como el hacerle frente nos es muy difícil, tendemos a ignorar esa parte tan dolorosa.
2. Exagerar lo bueno: se produce cuando subrayamos los aspectos positivos de la pareja, dando la sensación de que ésta es magnífica.
3. Minimizar los problemas de pareja, no significa que los ignoremos, si no que sabemos que existen pero los hacemos más pequeños, restándoles importancia.
4. Convertir la relación en amistad, pretendemos mantener la idealización de la pareja, pero al descubrir la realidad y comprobar que no es tan fantástica como creíamos, intentamos evitar la decepción y para ello, dirigimos la idealización hacia otro aspecto: el más común es el de idealizarla como amigo o amiga.




Peligro de idealizar a la pareja
Considerar que alguien es demasiado perfecto significa idealizarlo, y al idealizarlo le atribuimos encantos que no posee, cuando idealizamos a una persona le otorgamos plenos poderes haciéndola, prácticamente, dueña de nuestra vida. Llegamos a valorarla tanto que su opinión se convierte en palabra santa, inclusive cuando se refiere a nosotros; y aquí es donde el conflicto queda expresado con mayor gravedad, pues podemos convertirnos en títeres de su opinión y creer que somos como realmente esa persona nos ve y nos califica, aun cuando sea en detrimento nuestro. Nos volvemos dependientes y llegamos a minimizar hasta nuestra propia opinión y nuestro más auténtico sentir.




       



                 
Publicar un comentario